sábado, 8 de enero de 2011

MI SEGUNDO BESO


Angie, que así se hacia llamar, no fue una novia, como todas en esa edad en la que los barros y las espinillas delatan la comisión de un delito: la pubertad, mejor conocida como adolescencia o, mas especificamente. La época en que no sólo se terminó la niñez sino que también y para colmo, empezó la secundaria.

Mi novia no era como todas, simplemente, porque tenia muchos años mas que yo (digamos tres o cuatro) y porque su amor alcanzaba para todo, tanto como para ser mi amiga, mi hermana mayor o mi guardaespaldas. No es que fuera fornida ni fea. Tenia el pelo largo y lacio, tan rubio que seguramente se lo pintaba: de repente caminaba como si fuera Pelé a la hora de "driblar" a un defensa en los limites del área grande; se esmeraba en el maquillaje y en cultivar uñas largas rojas: Nunca se puso falda ni se desbotonó de mas la blusa.
En aquellos tiempos yo suspiraba por Sofía, pasado ya el enamoramiento por mi maestra de sexto de primaria. Era, por asi decirlo, la consentida de cualquier profesor, la que levantaba la mano cada vez que ninguno de sus congéneres sabe la formula para calcular la velocidad de un cuerpo inerte en la caída libre; la clásica chava de dieses al por mayor, buena familia, experta en algebra y en mirar de ladito, con faldas que si bien no llegaban hasta el huesito poco les faltaba.
Toda una dama.

Ahora que, por los brincos a los que nos tiene aconstumbrados el destino, resulta mi compañera, de banca en segundo año. Por eso, cada mañana llegaba a la escuela con la sensación de haberme tragado un sapo y con la esperanza de entregarle una carta de amor que jamás me atrevi a escribir y, si llegué a hacerlo, francamente, ya no me acuerdo.

Como era muy necio, solía pensar en ella a todas horas. Recordaba el aroma de su perfumé, mezcla de jabón de olor y sudor contenido; la trenza rematada con un listoncito rosa o verde; sus apuntes vueltos y vueltos a pasar en limpio, Sin embargo, una tarde, en la calle ganaba a la lluvia de agosto, vi los ojos de Angie, la sonrisa de Angie, las piernas enmezclilladas de Angie: su pelo color paja, su risa ronca a la hora de acercarme a ella, sentada en el filo de la banqueta cuando fue a recoger la pelota que el calabazón tuvo a bien mandar al infierno en vez de anotar en la portería de los contrarios.

No recuerdo lo que me dijo. Tan poco lo que le conteste y que le hizo mucha gracia. Por lo mismo, no deseo acordarme si se me pusieron las orejas rojas ni si ganamos o no aquella cascarita contra el equipo del Popochas. El asunto es que, despúes de ese primer encuentro, siempre terminaba cruzándome con Angie en cualquier lugar, fuera la miscelánea o la panadería.

Con el tiempo ya era habitual que me acompañara; que yo me gastara los cambios en dulces, refrescos o paletas con que la regalaba; de ahi que también me convirtieron en un profesional en eso de justificar lo inexplicable; se me ha de caído en el camino, me vieron la cara, me asaltaron, ¿seguro me diste un billete de a diez?

Angie reía. Parecia sorprenderse con mi timidez, com mis historias, con mi falta de atributos para bronquearme con éxito a la salida de la escuela. Incluso su experiencia me sobrepasaba: pateaba el balón con fuerza y elegancia, y jamá pude ganarle en las maquinas de juegos de electrónicos. Me aceptaba con todos los antecedentes de mi vida de perro, es decir, con mi uniforme, mis tareas, la ropa de mis hermanos mayores que jamás podría quedarme, un padre contador y una madre abnegada hasta el chantaje.

Pronto aprendí a escaparme con Angie, a aceptar que los amigos me envidiaran, a platicarle acerca de mis últimos descubrimientos, y a que me guiara por una ciudad inmensamente grande y casi desconocida, llena de túneles, vendedores, gritos, basura, algarabia y prisa, fue allí, en medio de esta ciudad y bajo tierra, entre las estaciones Etiopía de la linea tres del Metro, cuando Angie tomó la iniciativa y me lleno la boca de besos, de esa sensación de calor tibio y humedo; y yo que me guardaba para la mas aplicada del salón y que me imaginaba que estas cosas se hacen siempre con declaracíon de por medio; yo que moria por imaginar como se bañaba Sofía, ahi estaba, correspondiéndole a Angie mientras escuchaba que alguien decia que lo que estábamos haciendo era una cochinada.

Salimos del metro abrazados. Por mi parte, llevaba en el bolsillo una certeza que me dedique a acariciar desde entonces, así como se hace con lo recíen adquirido: la vida es más sencilla de lo que parece, sin importar que no nos guste ser como somos.

A veces, al recordarlo, pienso que cuando uno es joven no puede darse el lujo de intentar lo que los grandes; sin embargo, tuve a Angie, su voz cruda, su negativa a que las cosas llegaran a mayores; además ni ella ni yo teníamos dinero, solo las palabras y los besos, los abrazos en el transbordo del Metro Balderas, todos los túneles de la ciudad a nuestra disposición y la pintura de labios que me limpiaba cuidadosamente antes de llegar a casa.

"No", solia decirme Angie al oído a la hora que el mes de abril se me metía en la sangre en algún parque."No", pienso ahora, Angie no era hombre como decian las malas lenguas, "No" me repito, quién sabe cuántos años después, ahora que me la encontré en un supermercado vestida de otra manera. "No", aunque quién sabe, alo mejor sí se llamaba Carlos.
Alejandro Palestino.



viernes, 12 de noviembre de 2010

QUIERO


Con esta moneda

quiero comprar

un trozo de cielo

y un metro de mar

un pico de estrella

y un sol de verdad

y nada mas.

Maria Elena Wash

lunes, 9 de noviembre de 2009

Tú lo sabes.

Y eso me asusta
Tú lo sientes y eso me estremece,
Tú abres los ojos y yo me descubro ciego;
Pero puedes verlos, marionetas en el aire
Y solo tú lo sabes…
…que lo que buscamos esta eternamente perdido
O que hace mucho lo encontramos
Y por eso caminamos con la cabeza en las manos.
Tal vez, tú tienes eso que los hombres buscan
Un no se que de algo,
Que yo lo se ando buscando.
Que tu lo sabes no lo encontraremos…
…¿lo vez? ¡Puedes verlo!
Tal vez naciste con tu tercer ojo abierto,
O en luna negra, o roja o violeta.
Tú sonríes y se asoma el sol entre las nubes negras de mi vida
Tú lloras y llora el mundo, ¿pero los hombres?
…ellos no ven y tú lo sabes.
Vas caminando repitiendo una canción olvidada
Y te ríes con la gente y sin ella,
Ves a un niño y te miras a ti misma,
Porque tú lo sabes, ya eres parte de ellos, de todo y de mí.
Te alegras con la luz igual que con la sombra,
Te alegras con el amor y la paz, pero lloras cuando llega el frio
Y escuchas tu corazón y llora porque sabe que una parte de ti
Muera con esa mariposa de alas rotas.
¿Pero los hombres?... ellos no ven, lo olvidaron
Enterraron a Dios en el lodo de sus días
Y se quedaron con su nombre.
Tú lo sabes, y te da pena o tal vez orgullo,
Indulgencia o ternura, porque lo sabes y lo comprendes
Más allá de cualquier conocimiento.
Tú lo sabes y no me importa si lo has olvidado
Lo llevas como “una marca de espanto”
Y en donde estés te sientes lejana pero fuerte
Y me asusta.
Tu me vez con esos ojos de felino que hipnotiza
Y abres mi pecho como el viento la cortina
¿Qué vez? Acaso el desierto de mi alma.
Este estigma sangrante que destila odio y amor… tú lo sabes.
Y soy yo, varado sin fe ni esperanza, el que te ha encontrado.
O lo sientes porque ya formas parte de ellos, de todo… de mí.
Y has venido aquí para iluminarlo todo
Con la luz de tu mirada.
Ya lo se que estoy loco.
Estaba meditando las cosas…
…soy yo el que te sueña por la noche… loco… y te veo sentada
Iluminada con tus niños y tu sonrisa y tus ojos y todo lo que eres
Y como te reconocemos de la demás gente.
Y no encuentro la manera de decirte lo especial que eres
Eres la palabra en un mundo de gestos, y eso me asusta…
Ya lo sé… lo sabes

lunes, 11 de mayo de 2009

a que no sabes quien


no soy sino la mano con que tú palpas...

lunes, 15 de diciembre de 2008

COBARDIA.


El tráfico era insoportable, y al medio día el calor y el olor a humo del escape de todos los autos era aun mas insoportable.
Había salido de la escuela con un retraso considerable para llegar a sus practicas profesionales que comenzaron esa semana.
Dos combis lo habían dejado con la mano estirada pues ninguna de ellas quizo perder el verde del semáforo. Además la hora pico les daba el lujo de dejar a más de un usuario del transporte público abandonado en la parada. La tercera no tuvo mas opción que detenerse obligada por la luz roja.

-Insurgentes- Pagó exacto.

Bajó la mochila y la puso entre sus pies. Todos los asientos iban ocupados; no tuvo mas remedio que acomodarse de pie junto a la puerta pues ya varias personas apañaban el reducido espacio.
La música del radio era típica de la ruta 46, y el chofer; de los más antipáticos que le habían tocado esa tarde. Inmediatamente pensó en quejarse-no llevas animales- le dijo con la mente, pero no se decidió a ponerle palabras, por parecerle un tanto flexible su rápido análisis.

Una señora que iba junto a la ventana tomó fuerzas para enfrentar su fatiga y abrió la ventanilla, mientras que otra despertó por cuarta vez con un codazo al tipo que cabeceaba en su hombro.
El chofer tenía un severo problema en controlar el impulso de usar el acelerador y el freno como un solo pedal y llegó a pensar que él pensaba que no era gente lo que transportaba.

En uno de esos calambres por forzar las cuatro extremidades y las veinte uñas lo insultó la petición del chofer, que abría la puerta mientras decía, – por favor recórranse para atrás-.
Justo en ese momento , con el coraje en las entrañas y la frase en la boca –ya no caben-... la vió. Blanca como las mañanas frescas de Abril, delgada, rubia natural y ojos claros profundos, muy brillantes. Uniformada de Bachiller con su madre atrás por custodia.
Intercambiaron una larga mirada, y agradeció su suerte.

Otros tres completaron la ruta y el chofer se lamentó el haber colocado ese asiento, donde fácil, cabían otros dos.

Quiso recordar ese poema que alguna vez leyó.
Pasó con su madre, ¡que rara belleza!,
¡que rubios cabellos de trigo garzul!.
Pero un tirón de inercia lo desconectó de tal éxtasis, y calló en una realidad más hermosa, donde el bochorno, la pestilencia de la vida no se percibe.
Separados por casi nada, pasó ligera a ocupar el espacio frente a él y el resto fue roce, tras roce, de piel con piel. Lamentó no tener labios en los brazos, pero le regocijó tener olfato para ese perfume de Jazmines. Cada tope, cada esquina, era una bendición.
Calló en una timidez casi palpable, cuando por accidente rozó con los labios su hombro desnudo, fue un beso que ella no reclamó, al contrario con un gesto dulce volteó la mirada, y acercó esta vez la oreja dejando al descubierto la complicidad y la correspondencia.
Ella fingía caer, y él fingía no molestarse por los pisotones que le propinaba, ella se recargaba agotada por la incomodidad del viaje, y colocó su mano sobre la de él. Era un contacto mutuo y que deseaban no terminara.
Sin considerarlo se dispuso a pedirle, su número, su e-mail, sabía que la madre no sabría. Sabía que no podía llegar a ninguna parte sin ella, sin la esperanza.

Por lo menos su nombre le habría pedido.

Pero recordó el nombre COBARDIA y el final del poema.
“¡Síguela!” gritaron cuerpo y alma al par.
... pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas que suelen sangrar
¡Y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando mis ojos, la deje pasar!

Un rechinido de neumáticos, y ella sintió su abrazo, muy fuerte casi como un golpe, no hizo más que apretar su mano, después nada.

La mañana trajo otro ritmo a la espesura de la vida en las calles de la ciudad. Los noticieros no hablaron de nada que provocara reacciones impetuosas en las personas, atontadas con un maquillaje televisivo. En los periódicos oficiales lo de siempre: la bolsa, sociales, internacionales, y en el policiaco: atraparon a unos narcotraficantes colombianos.

Sólo se dejaba ver con letras grandes y rojas en un periódico amarillista que se compra por las fotos despiadadas y sin censura...

MUERÉN QUEMADOS: 18 personas mueren en un fuerte percance vehicular ocurrido este Viernes en Avenida de los Insurgentes Sur, cuando un vehículo del trasporte público se pasó el alto e impactó con otro particular.
Testigos confirman que el percance sucedió cuando una combi de la ruta 46 ignoró el semáforo y al intentar pasar el cruce se impactó contra una camioneta minivan.
En el lugar resultaron 18 personas muertas; donde se cuentan la familia que circulaba en la camioneta cuando ambas unidades estallaron en llamas, al menos otras 15 lesionadas entre pasajeros y peatones quienes fueron atendidas por paramédicos de la Cruz Roja, Escuadrón de Rescate y Urgencias Medicas (ERUM) y llevados a urgencias de los hospitales cercanos.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Anillo de Compromiso


Llegó muy cansado, pues caminó desde el cine los Gemelos hasta las Americas, pero no entro a sentarse o a dormir o a descansar, se dio cuenta que era el primer momento desde la mañana que no dejaba de correr; el trabajo las horas extra, sus asuntos.
A esa hora ya los camiones habían dejado de pasar y un taxi era un lujo que no podía darse.
La dejo en la esquina de su casa como cada fin de semana; y después de la función de las ocho treinta, camino a paso veloz entre las colonias mas conflictivas. Lo mismo estaba acostumbrado y agradecido de que nunca le hubiera pasado nada. En algunos sitos los grupos de mal vivientes lo conocían, en otros prefería rodear. Siempre evitando problemas.

Se quedo mirando el interior de su cuarto de pensión, donde pasaba las noches desde que había cumplido trece años. Se quedo inmerso en un pensamiento que no lo dejaba tranquilo y le daba vueltas en la cabeza desde hace mas de un par de meses y varios años de relación.

Hizo unas rápidas cuentas en la cabeza, y termino sentado en el umbral de su casa.
No se atrevió a entrar. Pensó en el dinero que le tenia que mandar a su padre, en los gastos de la semana y recordó que el gas se había terminado esa mañana, tendría que poner el anafre si no quería bañarse con agua fría. La luz, el alquiler, los gastos alimenticios que ese mes por ajustes económicos se había reducido a frijoles con huevo y a güevo huevo como el solía decir así mismo.

Tenia una mesa pequeña que le había regalado una anciana vecina, donde todas las mañanas tomaba su café caliente, acompañado por pan de fiesta que compraba los domingos al salir de misa, y era exacto para el desayuno de toda la semana. Una estufa de dos parrillas con la manguera de gas parchada en varios lados. Una cama individual con dos cobijas, un pequeño roperito con tres pantalones de vestir, cinco camisas, dos pares de zapatos, unos para dominguear, y una chamarra gastada.
La alacena era una mesa de centro mal ubicada en la cocina. Media docena de platos y cucharas, dos vasos y una taza, una olla de frijoles dos casuelas, una jarra que aun existe y una huevera de TOPPER cuyo slogan era “Duran para toda la vida”.
El baño no era mas grande que un par de metros cuadrados, pero todo estaba extremadamente ordenado y limpio, muy limpio.
Algo mas triste que la pobreza es su suciedad, y el no era pobre, solo estaba temporalmente quebrado, eso es distinto.

Tenia unas ojeras marcadas de cansancio; se desato las agujetas de los zapatos porque los pies comenzaban a hincharse. Se acomodo el cabello con su peine pirámide y cepillo el bigote, se lo había dejado crecer después de volver de la capital, donde había pasado un año entero con su hermano, trabajando de yesero. Pensando en ella y en su regreso a Puebla, estaba convencido de algo, tal vez mas de lo que jamás estuvo en toda su vida.
La amaba.

Se levanto en el mismo sitio y recargo la cabeza en la puerta, mirando de reojo el interior de su casa. Golpeo con fuerza la lamina dura de la puerta reforzada y un perro comenzó a ladrar a lo lejos. Dio un largo suspiro y metió las manos en los bolsillo. De la bolsa derecha saco un calendario de bolsillo de la escuela nocturna y dos pesos con cincuenta centavos, se inscribió esa mañana. De la bolsa izquierda... su llavero con una foto de su madre y una caja ya maltratada que guardaba: sus ilusiones y sus ahorros... era un anillo de compromiso que lo acompañaba desde ya varios fines de semana y que le hacia temblar las piernas cada vez que la dejaba en la esquina de su casa.

El estaba convencido, realmente convencido de eso, como nunca mas volvería a estarlo en toda su vida.
La amaba.

miércoles, 1 de octubre de 2008

De las lunas la de Octubre es mas hermosa

Higinio, se había levantado temprano pues estaba cansado de lidiar con un insomnio que no le había dejado descansar el cuerpo.
Y cerca de las cinco de la mañana y ya sin ningún cigarro en el paquetito, se dispuso a levantarse y barrer el patio a la luz de la luna.
Se levanto despacio y se abrigo antes de salir, pues una ventisca se coló por la ventana haciendo saber que venia de muy lejos pero de los ya cercanos vientos de diciembre.

Paso por el patio para entrar al otro cuarto donde estaba la cocina, deteniéndose solo para mirar la luna que brillaba muy fuerte con un plata tan blanco que parecía nieve y fue entonces que recordó que de niño tenia un miedo como el de los animales al escuchar el trueno de un relámpago, pues no sabia que era lo que la hacia brillar y en su tierra natal solo conocían como agua la que corría en el río.

Encontró fácilmente el otro paquete de cigarros que aun estaba donde el los había dejado, encendió un Delicado y con el mismo cerillo prendió la estufa donde calentó el café de olla que Dominga había puesto la noche anterior. Ni el escándalo de la olla ni sus pesados pies incomodaron a la Tuza, que dormía encogida debajo del hornillo. Por ultimo tomo su radio viejo y salió otra vez al patio.

Comenzó barriendo al fondo, las cenizas del calentador del agua, al compás de un cansancio añejo, para después seguir con las hojas de las jacarandas con una nostalgia interpretada por Lucha Villa, pero cuando llego a los umbrales de los cuartos de la casa, se detuvo a escuchar esa canción que en otro tiempo le había hecho sentir lo mismo que el frío se empeñaba en adormecer.

De las lunas la de octubre es mas hermosa
Porque en ellas se refleja la quietud
de dos almas que han querido ser dichosas
al arrullo de su plena juventud

se quedo estático, tratando de traer a la vida esos recuerdos, tan lejanos. Intentando recordar la letra de esa canción que tanto le gustaba.

Corazón
que has sentido el calor de una linda mujer en las noches de octubre
Corazón
que has sabido sufrir y has sabido querer desafiando el dolor

subió el volumen para poder vibrar los tonos una historia escrita por el verdadero amor. Por ese amor que solo puede vivirse por una vez.

Hoy que empieza la vida tan solo al pensar que tu amor se descubre
el castigo de ayer que me diste tan cruel parece que murió
Si me voy
no perturbes jamás la risueña ilusión de mis sueños dorados
si me voy
nunca pienses jamás que es con único fin de estar lejos de ti


Dominga se enderezo en la cama, un poco alarmada por el susto repentino de despertar y no tener a Higinio a su lado, pero se tranquilizo al escuchar la hermosa voz de Pedrito, que volvía de su descanso eterno para recordarle su amor de adolescente.

Viviré con la eterna pasión que sentí
Desde el día en que te vi desde el día en que soñé
que serias para mi.

El estaba parado en la puerta, y ella le sonrió con unas lagrimas en sus ojos.
Se quedaron en silencio, mientras el locutor daba los buenos días al primer día de Octubre.

jueves, 25 de septiembre de 2008

La mujer gorda


La mujer gorda, Tarumba,
camina con la cabeza levantada.
El cojo le dice al idiota: Te alcancé.
El boticario llora por enfermedades.
Yo los miro a todos desde la puerta de mi casa,
desde el agua de un pozo,
desde el cielo,
y sólo tú me gustas,
Tarumba, que quieres café y que llueva.
No sé qué cosa eres,
cuál es tu nombre verdadero,
pero podrías ser mi hermano o yo mismo.
Podrías ser también un fantasma,
o el hijo de un fantasma,
o el nieto de alguien que no existió nunca.
Porque a veces quiero decirte: Tarumba,
¿en dónde estás?

J. Sabines

He repartido

HE REPARTIDO mi vida inútilmente entre el amor y el deseo, la queja de la muerte, el lamento de la soledad. Me aparté de los pensamientos profundos, y he agredido a mi cuerpo con los excesos y he ofendido a mi alma con la negación.

Me he sentido culpable de derrochar la vida y no he querido quedarme en casa a atesorarla. Tuve miedo del fuego y me incineré. Amaba las páginas de un libro y corría a la calle a aturdirme. Todo ha sido superficial y vacío. No tuve odio sino amargura, nunca rencor sino desencanto. Lo esperé todo de los hombre y todo lo obtuve. Sólo de mí no he sacado nada: en esto me parezco a las tumbas.

¿Pude haber vivido de otro modo? Si pudiera recomenzar, ¿lo haría?}

J. Sabines

Fragmento

...Hay que cortar la soga
donde colgó tu alma
tanto tiempo.
la hermana Rosa, J. Sabines

¿Es que hacemos las cosas ...

sólo para recordarlas? ¿Es que vivimos sólo para tener memoria de nuestra vida? Porque sucede que hasta la esperanza es memoria y que el deseo es el recuerdo de lo que ha de venir.
¡Paraíso perdido será siempre el paraíso! A la sombra de nuestras almas se encontraron nuestros cuerpos y se amaron. Se amaron con el amor que no tiene palabras, que tiene sólo besos. EL amor que no deja rastro de sí, porque es como la sombra de una nube, la sombra fresca y ligera en que se abren las rosas.
Sexo puro, amor puro. Limpio de engaños y emboscadas. Afán del cuerpo solo que juega a morirse. Risa de dos, como la risa del agua y del niño; la risa de la bestia bajo la lluvia que ríe.
Sobre tu piel llevas todavía la piel de mi deseo, y mi cuerpo está envuelto de ti, igual que de sal y de olor.
¿En donde estamos, desde hace tantos siglos, llamándonos con tantos hombres Eva y Adán? He aquí que nos acostamos sobre la yerba del lecho, en el aire violento de las ventanas cerradas, bajo todas las estrellas del cuarto a obscuras.
J. Sabines

jueves, 18 de septiembre de 2008

¡Yo no tengo patrona que me mande!

El gallo aun dormía, acurrucado sobre el guacal donde María guardaba los guajolotes que ahora no eran mas grandes que los polluelos de gallina, era muy de mañana, pero el crepúsculo daba suficiente luz como para iluminar el reloj de la torre, que desde hace varias décadas, apuntaba la misma hora. Pero mas que señalar la hora, marcaba la dirección para llegar al cielo.
El hálito de las vacas se podía ver con tanta nitidez, que se pasaba entre los corrales aguantando el aire para no aspirarlo. Se meneaban lentas, madrugadoras, mientras un ave silvestre le canta al torito, parado sobre sus ancas, rascando, picando, jugándose la vida sin burladero, sobre el toro, en los cuernos, asomándose a las enormes fosas de su nariz donde un grillete enorme cuelga, uno podría imaginarse que su canto hechiza, y ha encantado al enorme toro, al semental, al enorme Torito de San Chaltén.

La mañana va rápidamente aclarando la vista, dejando ver la gran fachada ancestral, de “El Ranchito”, sus enormes pilares gastados por los años que sostienen la historia de sus muros.
Dentro, el movimiento se ha hecho mas perceptible y peones que desafían el frío desfilan dejando un vaho a su paso, con solo una playera sucia y remendada limpian y friegan los comederos, salen y entran de corrales y jugueteando, persiguen a los cerdos que escaparon de su corral por la noche. Barren la suciedad y apilan el abono al fondo del enorme patio que esta rodeado por los corrales de una docena de Animales de muy buen ver, unas Vacas de manchas cafés y negras, de aromático olor a... Vaca.
En el centro hay una enorme pileta de agua limpia y cristalina, donde un peón se quita las prendas y frotando los brazos se arma de valor para mojarse el cuerpo, mientras el torito de Chaltén lo mira fijo .
-He! Armando, cuidao que el Toro ya te ha medido.
Y Armando cubre su retaguardia entre carcajadas, acompañadas por las risas de los demás peones que siguen limpiando ávidamente, el estiércol que emana un vapor desagradable.

Joaquín esta recostado en la entrada, sobre un cerro de heno fuma un cigarro, con el que espanta difícilmente a mosquitos y zancudos, se acomoda el sombrero de paja, y se rasca la barba, mientras medita y observa la ultima estrella, que parece brillar mas en el horizonte sin saber que es Venus la que lo mira.

Fuera de el Ranchito todo tiene un ritmo diferente, la calle esta vacía, solo, la marca que los vehículos dejan al pasar, una marca de líneas paralelas que rompen la hierba verde y humedecida de roció, solo la vieja escuela a lo lejos, solo los pinos y los perros del rancho lo acompañan. Y a su lado el General, un callejero de 15 años y mirada triste. La fabrica Textil vecina, que al otro lado de la escuela impregna el aroma de un olor desconocido para Joaquín que hoy cumple sus 50 años de plenitud, ahí, recostado sobre el heno, como el día de su nacimiento, su primera hora. Piensa que debieron llamarlo Jesús y se rasca la barba.

-¡Párece viejo flojo!, por eso las vacas dan tan mala leche.
Cállese vieja bruja! Ya tan temprano anda jodiendo. Ya le dije que aunque corra y se sienta muy joven, un día la voy a confundir con una de mis vacas. ¡Vieja Gorda!
-Es usted un majadero, de seguro ni a su madre respeta.
-La mate en la pileta del agua... vieja chismosa.
-Fodongo, no le da vergüenza, todos trabajando y usted ahí echadote.
-Que trabajen los casados, y los pendejos que son los mismos.
-Baboso, cochino, no se quien huele peor usted o la caca de sus botas. Aprenda a Armando
(Quien desde adentro saluda con una mano a Doña Inés, mientras se pone la misma ropa sucia después del rápido baño).
-Báñese viejo cerdo.
-¡A chingar a su madre!, lárguese vieja loca. ¡Yo no tengo patrona que me mande!.
-Viejo grosero, pero ni a su entierro voy a ir, ya vera.
-Ni esta invitada.

-¡Feliz cumpleaños!- Grita al alejarse.

Se va a trote lento hacia el campo detrás de la escuela, con el General a su lado, que ya se sacudía en medio de la discusión. Mientras Joaquín se acomoda un montón de heno en la espalda, da una bocanada a su cigarro y se vuelve a recostar.

viernes, 12 de septiembre de 2008

¡ESCRIBIR! Tinta por mis venas.

Quien escribe es un Dios en su propio mundo. Hay quienes dicen que existen muchos requisitos para serlo, pero eso no es cierto. No tienes que ser un Dios benévolo y magnificente, ni siquiera tienes que ser bueno como Dios; lo único que necesitas es una pluma y una superficie lisa.
Un escritor es un cronista de vidas que sólo existe en su interior, es el narrador de hechos extraordinarios que suceden a la vuelta de la esquina, como una paloma que coge migajas o un niño solitario que sueña un columpio.
Para mi, el escribir lo es todo. Yo no nací el día que abrí los ojos en este mundo, ni cuando un sacerdote cerró mi Ops an rampa con agua bendita. Yo nací el día que mi abuela, con ayuda de unas pequeñas cartulinas y plumones de colores me dijo "a ver, mi hijito, mira, esta es una A..."
La palabra ha sido siempre considerada como nuestra más útil diferencia con los animales. El perro ladra, el gato maúlla y el hombre tiene esos guturales sonidos localistas que salen de su boca.
Pero también tiene algo más, algo que nunca otro ha logrado: encadenó la palabra a la tinta, encerró a la idea en una carcél de papel y dominó al verbo dándole algo que complementa perfectamenten su sustancia: forma.
La escritura ha sido el cincel que ha trazado los caminos de mi vida; he leído intenciones en los ojos de los que me rodean y entiendo sus corazones como si fueran sus labios los que me explicaran. Me encanta escribir... me gusta tanto que mientras los otros sienten esa imperiosa necesidad de hacer el amor, yo tengo deseos de escribirlo. Para mí, una estrella no brilla tanto en el cielo, como podría hacerlo en una hoja.
Es solamente al escribir que te vuelves realmente un ser humano.
Tanto estoy convencido de eso, que creo que durante toda la vida, las personas deverían escribir al menos tres veces al día.
Fue la escritura y no el alma, lo que despertó la envidia de los ángeles, lo que originó la gran guerra.
Era en realidad, el fruto prohibido del árbol de la sabiduría, y es ahora, el único camino para llegar al cielo.
Yo vivo en un mundo perfecto, donde la igualdad y la justicia están clavadas como flechas en el corazó de todos los hombres y han sido conquistadas y puestas a disposición de quien las desean o las necesitan. Pero también vivo en un mundo donde hay hambre y soledad. Por mis venas corre tinta y mi mente tiene archivados cientos de miles de libros que esperan pacientemente empiece a escribirlos.
Nací, crecí y he de morir pensando que el mundo es un gran cuento mal contado, escrito por un Dios novato que lo alarga y alarga con la esperanza de encontrar la manera de que tenga un final feliz.
Soy el alfa y el omega de miles de universos, el motor de millones de vidas, la razón, el ser y el estar de todo y todos, hasta que dejo la pluma a un lado y mientras mi alma sigue escribiendo para sus adentros, yo salgo a este mundo, donde no soy más ese narrador omnipotente, sino un títere de carne y hueso que sólo espera el final de su participación en este relato, triste relato, que llamamos vida.

Sergio Tapia

miércoles, 13 de agosto de 2008

La locura


La locura es como la gravedad...
solo necesitas un pequeño empujón.

sábado, 9 de agosto de 2008

Aniversario

-Treinta y dos grados Don Román, y son a la sombra; debería al menos desabrocharse ese botón de la camisa, se me valla a desmayar.
-Un caballero nunca pierde el porte Lorenzo, nunca lo olvides.
-Pase usted caballero, acabamos de espantar las moscas nada mas para usted.

Le dijo con mueca burlona, mientras habría sus brazos para recibirlo en un fuerte apretón de amigos.

-Siempre de igualado muchacho, parece que no aprendes nada con los años.
-No se enoje Don Román nada mas estaba yo jugando, pásele , y dígame que va a ser hoy; la barba y el bigote, le planchamos las cejas, manicure, pedicure, o ahora si se anima y le teñimos esa cabecita blanca.
-Ya vas a empezar con tus cosas, no te digo si parece que el calor te embriaga de nuevo.
-Si apenas es medio día, no me quiera hacer la maldad, ¡haber Filomena!
¡caliéntame la tinaja de agua, ya sabes, y toma el bastón de Don Román!
¡y ora si no dejes que los chamacos lo agarren! ¡Oíste!

Paso frente a los espejos que le dejaron ver, en un frío instante, la fugaz alegría de una vida, una vida repleta de esas subidas y bajadas que dejan solo la esperanza amarrada a las entrañas, como un cosquilleo de adolescente enamorado.
Sonrió con esa risa que guardaba solo para ocasiones especiales, se acomodo el saco en la percha, y confió el bastón a la prudencia de Filomena.

-Se ve usted muy bien hoy Don Román, a que se debe la ocasión-
-Nada mas muchacho, sucede que hoy salió el sol mas temprano, y pues ya no tuve que esperarme en la cama a escuchar el ruido en la calle.
-Lo mismito le decía en la mañana a Filomena, “ya ha de andar Don Román cascando el Bastón por las aceras” ¡¿No te lo decía en la mañana mujer?!
-Si pues así es Lorenzo, a mi edad uno no puede perder el tiempo bajo las sabanas.
-¡Eso si!, pero dígame...

La platica transcurrió como si en mucho tiempo no se hubieran tenido la delicadeza de saber el uno del otro, y sucede que son como esas ocasiones que de verdad uno se detiene a preguntar sinceramente ¿Cómo estas?, y no por el simple hecho de preguntarlo, sino porque tal vez por un instante, la vida juega con esas cartas que dos personas pueden entender. De ese único modo en el que podían decir que los sucesos cotidianos eran los milagros que uno esperaban muchas veces sin saberlo.

En silencio Lorenzo estiro la mano para cambiar la estación de la radio, sintonizando una estación vieja que sabia le encantaba a Don Román. Y Don Román sabia que Lorenzo era una de esas personas a las que el no podía llamar corrientes, era su amigo y artista personal. Pues siempre decía que ni Leonardo o Miguel Ángel pudieron hacer lo que su barbero, y por eso le confiaba su cabeza.

-¿Así esta bien de arriba, o le quito menos?
- ¡No muchacho! Esos déjamelos así como están si no al rato el sol me requema los sesos.
-¡no no no! Mejor ni los toco no se vallan a chiquear.

Con habilidad casi natural Lorenzo daba forma a la melena blanca de Don Román, la experiencia que los años le habían dado y el tiempo que llevaba de conocerlo, le hacían fácil la tarea de doblegar esos cabellos necios, y esos remolinos tercos, no le era necesario preguntar como, donde, afirmar era dudar de su mano sabia. Solo de vez en cuando echaba un tijerazo al aire o decía una mala palabra para comprobar que Don Román siguiera despierto. Y él nunca lo estaba.

Suavemente inclino el sillón para no despertar a lo brusco a su mejor cliente. Y Don Román hizo como si no hubiera perdido noción del tiempo, retomando la platica que hace muchos minutos Lorenzo había dado por finalizada. Tomo la navaja y se dispuso a dar forma a esas barbas duras; no antes remojándolas con la toalla caliente que Filomena había preparado.
Se agachaba, se inclinaba, lo subía, lo bajaba, fruncía el seño, y re estiraba.
Al cabo de un rato exclamo:

- ¡Listo!, como nuevo.

Y paso el espejo por sus espaldas por detrás de las orejas, tomo el cepillo mas suave, y lo paso por su ancha frente, después de aplicar colonia y Talco en la barbilla aun rosada, por el calor de la Toalla.
Don Román tomo un momento y dijo:

-Eres un artista Lorenzo, un verdadero artista, ¡no confiaría mi cabeza a nadie mas!

Se levanto lentamente del sillón tratando de no despertar a sus piernas engarrotadas, se puso erguido y contemplo un momento mientras acomodaba el cuello de su camisa, ajustando el botón dentro del ojal.

-un caballero nunca pierde el porte Lorenzo, nunca lo olvides.

Dijo mientras tomaba el saco del perchero para después alejarse cascando el bastón en la acera.


Compro con la señora de la esquina un ramo de Claveles blancos, por los que pago veinte pesos. Se adentro a un paso lento pero muy firme por el camino que varios años había visitado, siempre en la misma fecha, celosamente a la misma hora.
Un lugar donde uno pensaría que el amor es lo único que no se puede encontrar. Pero ahí estaba. La misma banca reservada para el, a la sombra de ese Roble enorme donde se quedaba contemplando a las aves, el aire, la tierra, la vida en plenitud.

Dejo caer una lagrima en algún clavel, dejo a un lado su fiel bastón y se apoyo con una mano en la lapida fría para poder hincarse. Retiro unas hojas secas y acomodo cuidadosamente el ramo de claveles. Mientras decía:

-Un año mas Viejita... un año mas.

domingo, 27 de julio de 2008

La estupidez es una carcajada múltiple irrefrenable.

Paguina 26

"Hay un desprendimiento liberador en el acto de romper las hojas que uno ha escrito, acaso por haber notado en ellas la desnudez obscena de un par de sentimientos."

sábado, 19 de julio de 2008

Mi padre y mi casa.

Yo me parezco a esta casa
Que hoy esta abandonada
Fue la casa en que vivimos
Hoy es triste y desolada
Con el tiempo los recuerdos
se arraigan y tienes ganas
De gritar que en otros tiempos
fui feliz con mis hermanas
Hay que tristeza mi viejo
ya no se escucha tu voz
Ya no se escuchan tus pasos
Ya no se escuchan canciones
Te esperan los viejos sillones
cansado verte llegar
que nos pasa ahora casa
desde que te abandonamos
con mi espíritu cansado
tus muros y tu fachada
se han manchado de musgos y de alborada
y del dolor que produce
el estar como mi alma desolada
Hay que tristeza mi viejo
ya no se escucha tu voz
Ya no se escuchan tus pasos
Ya no se escuchan canciones
Te esperan los viejos sillones
cansado verte llegar
que nos pasa ahora casa
desde que te abandonamos
con mi espíritu cansado
tus muros y tu fachada
se han manchado de musgos y de alborada
y del dolor que produce
el estar como mi alma desolada...
Juan Salvador

viernes, 20 de junio de 2008

Nada...

Por las ventanas se colaba la luz de la mañana, dejando se dibujaran con suficiente nitidez las siluetas de los objetos que estáticos parecían tejer una danza invisible, apenas perceptible al voltear bruscamente la mirada, una danza en primavera donde el canto de los canarios parecía entonaba una melodía mágica al despertar de los días de Mayo.

Y en el buró junto a la cama, una sola fotografía. La única en toda la casa, cubierta por una densa capa de polvo endurecido por los años en un marco de plata, una plata que hace mucho había perdido su brillo y era sustituido por una rugosa y oxidante costra negra.

Una lámpara que pocas ocasiones era encendida acompañaba el otro extremo de la cabecera, donde no se necesitaba de luz para percibir por el intoxicante aroma; la existencia de un cenicero, hondo, lleno de arena blanca que parecía un mar minúsculo, con pequeños naufragios consumidos hasta la marca de los dedos; diariamente visitado, celosamente, a la misma hora. Un objeto que dejaba expuesta una vida rutinaria desde hace un par de décadas.

Cerillos de madera con cabeza roja, sobre una carpeta tejida amarillenta, que dejaba a saber que mas de una ocasión alguien se había quedado dormido con un cigarro en las manos. Un pequeño baúl carcomido que guardaba los secretos más insignificantes de una historia grabada con tinta de una pluma fuente, que se extravío por los azares del... destino; un destino que había partido y parecía nunca mas volvería.

La cama, no era mas que un mueble mal ubicado en los espacios de ese cuarto lleno de nostalgia, con un polvo cenizo y denso que cubría las paredes de una tristeza vieja. Era mas bien y para único fin, el descanso de un cuerpo apolillado. Era un nido frío, duro, encajonado, mas parecido a un ataúd cómodo donde las almohadas podían contar las historias de antiguas batallas sostenidas en ese mítico lugar ahora retirado de esos ajetreos..

Un librero, una mesa con un sillón por silla, donde la luz siempre dejaba al descubierto las evidencias que olvidaba desaparecer. Ya fuera de día o de noche, el lugar siempre quedaba dispuesto al ultraje de los recuerdo, dejándolos plasmados en extrañas líneas que en un principio eran incomprensibles metáforas que no se podían entender. Y que ahora eran mas bien confesiones despreocupadas, pues hace mucho no existía otro par de ojos que descifrara su significado.


EL calor podía sentirse desde muy de madrugada, y ya a esa hora de la mañana volvía insoportables las sabanas rozando sobre piel. Mas sin embargo había llovido por la noche y el ambiente ahora era húmedo lo que hacia tolerable y hasta cómodo el calor de la mañana, nada comparado a los días anteriores, en los que se podía sentir los pulmones quemarse a cada respiro.

Se trataba de un día un tanto extraño, por no decir contrastante en la vida de aquel hombre.
Los canarios brincaban de un lado de la jaula a otro y los pericos los acompañaban con un escándalo típico de primavera , mientras unos azulejos de la campiña se refrescaban en el agua de la fuente que estaba justo en medio del jardín.


Era aun muy temprano y el sol aun no rebasaba la espesura de las jacarandas que adornaban de un azul violáceo o a veces rosa, el panorama de ese lugar extraño y mágico, disfrazando la lontananza lúgubre de otras épocas del año.
Y de algún modo coincidía la explosión de sus flores con las festividades en el pueblo dedicadas a Simón de Gitta patrono del lugar. Donde todas las casas eran maquilladas del color de la santidad por orden del Cura Lucio Aguilera de Cantoria, pues pensaba que al Santo se le vestía así desde siempre y hasta algunos juraban era un milagro la coincidencia hermosa del tono de las jacarandas con una aparición del mismo Simón.
Era un hombre de mucho carácter, encargado de la organización de esta fiesta y del cobro anual del Diezmo para la salvación de las almas. Un hombre de buena voluntad que aconsejaba a las familias y recaudaba buenas limosnas para el sustento del convento o para su propia canonización después de muerto.

Y es que ninguna persona en el pueblo era tan vieja para recordar que, el bosque de jacarandas que rodeaba el valle había existido mucho antes a la llegada de los Almerienses; quienes habían adoptado la veneración a Simón de Gitta mas por error de interpretación que por autentica fe.
Habían llegado desde la antigua España donde fueron perseguidos con saña: desde la Andalucía de los Reyes Católicos poco después de que destronaran al Zagal, hasta terminar del otro lado del mundo en un pueblito mágico y tranquilo donde las flores de las jacarandas manchaban las empedradas calles, y ahí en ese lugar predilecto era venerado a miles de kilómetros y a quinquenios de años.

Era una casa vieja, de paredes de adobe muy altas donde pequeñas lagartijas tomaban los primeros rayos de sol. La pintura blanca se había desmoronado y heridas de erosión dejaban al descubierto unos ladrillos pesados donde pequeñas plantas se aferraban para no caer al abismo. En la fachada principal se levantaba un obelisco donde pendía peligrosamente una higuera tierna que ensuciaba la entrada con pesados higos negros a mediados de Junio y una campana vieja, forjada de un cobre verde se levantaba en el punto mas alto, desde donde anunciaba la llegada de algún visitante perdido, esté solo tenia que tirar de un cordón en el enorme portón de madera que daba a la calle contigua de la avenida principal.

Una luz omnipresente desfilaba por los pasillos, desde la planta alta, descendiendo por las escaleras de mármol hasta penetrar en la ultima habitación por las troneras.
El jardín estaba meticulosamente distribuido para que todas las plantas recibiera la misma porción de luz y no mas de la necesaria.
Era el centro de un panorámico episodio de la época colonial. Con candelabros forjados a mano en los pilares y lámparas colgando de las vigas de madera en los pasillos.

Gardenias, rosas, jazmines, geranios, alcatraces y tulipanes pintaban un cuadro de dimensiones exageradas y aromático olor a santidad. Que estaba delimitado de la casa por una pequeña banquetilla de ladrillo rojo.

Y en toda esta estancia se escuchaba una canción melancólica desconocida para el mundo que provenía de un megáfono, situado en la mesita donde ondulante bailaba el humo de un tabaco dispuesto al alcance de la mano al igual que la taza de café. Un toallero de hojalata y un hombre esbelto que cantaba en tonos grabes.

Se miraba vacío con unos ojos negros en los que aun se podía distinguir un diminuto brillo de nostalgia o de alguna ilusión terca, en ese espejo que solo dejaba ver su rostro; mientras con una destreza que solo el tiempo y la practica pueden dar, se desdibujaba la gruesa barba que nacía desde el cuello y cubría casi media mejilla; amarilla el las comisuras de los labios y la barbilla que confesaba un mal habito practicado con devoción impetuosa. Era una barba prominente en el mentón y las patillas donde uno mechones grisáceo se enredaban con las ideas más banales de una frente requemada y amplia que flanqueaba las tupidas cejas y unas pestañas rizadas que enmarcaban sus ojos grandes para protegerlos de los rayos del sol que para esta hora ya calentaban las paredes bajas y algunos ladrillos del suelo.

Rápida y eficaz en algunas partes, una hoja rompía la luz en destellos invisibles, era un instrumento de uso cotidiano, con un mango negro y gastado pero con una hoja pulida y muy filosa. Inflaba las mejillas o empujaba con la lengua según fuera el sitio, teniendo extremada precaución en la yugular que palpitaba al roce de la hoja provocativa. De vez en cuando quitaba la enjabonadura de la navaja en una tinaja de peltre con agua tibia; pues no le gustaba la sensación de asfixia que le daba la toalla caliente, menos en esta temporada de calor casi infernal. Aunque esto le dificultaba un poco la labor, parecía que era la mano de un Artista la que redescubría un rostro gastado pero con un atractivo ambiguo. Casi preservado a pesar del paso del tiempo.

jueves, 12 de junio de 2008

"Ningun adios mejor que el de todos los dias"

Doy gracias
Por no saber donde acaba el día
Y donde empieza el otro.
Doy gracias
Por esta taza de café
Por mis cobijas sucias
Y por que hoy estuvo mi madre
Para pelear con ella
Doy gracias
Por el nombre que repetiré hasta dormirme
Doy gracias
Por el nombre que recordare por la mañana
Doy gracias
Por los que me desean males
Doy gracias por los que aun rezan
Y por los que rezan por mi.
Doy gracias.
Por la vida que tengo y que no cambiaria
Doy gracias
Por mi padre, mi amigo, mi ejemplo, mi todo.
Doy gracias
Por mi hermana, por su amor
Sus ilusiones... que todas se vuelvan realidad
Por mi sobrina que hoy cumplió dos años ¡mil gracias!
Doy gracias
Porque la muerte ha respetado a lo que mas quiero
Doy gracias
Por lo que no he hecho y
Por lo que nunca haré
Doy gracias
Por mis hermanos
David, Luis ¡los amo!
Y pido que los llenes de glorias
Pero que no apartes las derrotas de su camino
Que también es el mío.
Gracias por mis carencias
Y por las tuyas
Doy gracias por tu lado malo
Por tu sostén y tu látigo que son la misma cosa
Doy gracias por mis ojos
Mis manos, mi cabeza, mis alas.
Porque puedo respirar por mi mismo
Porque puedo comer o ayunar
Doy gracias por los años de mal pase
Por lo que conozco
Y por lo incomprendido
Doy gracias,
Por los que me hieren
y por los que he herido
doy gracias por todo lo que he olvidado
y gracias por lo que me guardes para mañana
doy gracias si es que es mi ultima noche
doy gracias por si es mi primer día
Pero sobre todas las cosas...
doy gracias
Por este miedo que en esta hora te guardo
Señor.